21/06/2018

Escritos

Mañana cuando volvamos…

 

Habíamos llegado paseando

hasta el mar, en silencio,

tiernamente cogidos de la mano.

Tu cara era violeta

como el mar y el cielo,

a nuestras espaldas el sol,

había muerto;

frente a nosotros la luna

estaba naciendo,

los peces riendo

y las estrellas saliendo.

Un grupo de niños juegan

en silencio…

la paz era cada vez mayor,

como la noche.

Todo era quietud y esperanza,

yo no me atrevía a besarte

por no desencantar el instante.

Mañana, cuando volvamos,

quizás te abrace

pero hoy…¡vámonos, que ya es tarde!